¿La evidencia en educación es suficiente? (Tarea 1-ABAI 2)
En una entrada anterior hablaba sobre la importancia de implementar evidencias científicas en el sistema educativo. Y, de hecho, mi tesis doctoral gira en torno a cómo y en qué medida eso es posible. No obstante, no deja de ser polémica la postura que, no sé si desde la ignorancia o, directamente, el oportunismo, defiende que con —únicamente— evidencia los problemas del sistema educativo podrían resolverse. Y eso no es así.
La digitalización del sistema educativo es un proceso imparable e irreversible. Intentar mantener y/o excluir una institución pública de una dinámica general como es el desarrollo tecnológico es ilusorio. Ahora bien, aceptar esa premisa no equivale a decir que la digitalización sea neutral, automática e incontrolable. Y ahí es donde entra mi investigación: cómo implementar nuevas tecnologías al servicio del aprendizaje y, sobre todo, del alumnado. Y he aquí el debate: qué queremos (y cómo queremos) enseñar, lo que remite a otra pregunta: qué es la educación. Y qué necesidades tiene el alumnado y, por extensión, la ciudadanía en formación. La evidencia puede resolver algunas de ellas, por ejemplo, proponiendo medidas educativas que mejoren el aprendizaje y la adquisición de conocimientos. También puede inspirar programas de introducción de nuevas tecnologías en el aula, entre otras muchas cosas. En definitiva, permite estudiar las posibilidades y los límites de los programas educativos y de la introducción de nuevas tecnologías en el aula, sobre todo teniendo en cuenta que esas tecnologías son productos de grandes compañías que pueden tener intereses nada educativos. Ahora bien, ¿qué necesita el alumnado? ¿Qué modelo educativo queremos? Está claro que la evidencia no puede responder a todas esas preguntas y, de hecho, tratar de hacerlo solo nos llevaría a posturas cientificistas.
Los debates en educación están extremadamente polarizados. Eso impide, entre otras cosas, llegar a acuerdos que miren, precisamente, por las necesidades del alumnado (y del profesorado, claro). Hay posturas que defienden que con evidencia es suficiente, y otras que miran solamente por los supuestos intereses del alumnado, rechazando cualquier medida que no encaje en ese molde (y desconfiando de la evidencia científica al no provenir directamente de los centros e introducirse desde la «academia»). Y otras muchas posturas que parecen excluyentes entre sí, pero que no tienen por qué serlo. Yo no me planteo resolver el debate, pero sí tratar de buscar un equilibrio entre la investigación científica, imprescindible en educación, y las necesidades del sistema educativo en general, no solo entendido como conjunto de instituciones, sino también como grupo de personas.
Una línea del rechazo a la "evidencia" en educación propone que no existe suficiente uniformidad entre personas (en el alumnado) como para aplicar sistemas de doble ciego. Que lo que se desprende de un experimento controlado aleatorizado en un entorno (cultural, social, geográfico, etc.) no tiene por qué aplicarse a otro. Además, hay todo un movimiento que ha utilizado supuestas evidencias (que realmente son demasiado locales como para darlas por generales) para defender visiones ideologizadas, lo que ha generado mucho rechazo en personas de la ideología contraria.
ResponderEliminarEn ciencias sociales, y en educación en particular, las metodologías científicas son especiamente complejas. Mucha suerte con ello